La primera vez que vi a esa araña de lejos, debo admitir que movió mis líquidos cerebrales, pero no como advertencia sino, como una conexión neuronal con otra figura del pasado la cual había reforzado con un video de 4k, asumiendo que de alguna manera habría cumplido ese deseo.
Contaba con todo lo llamativo que la oscuridad pudiera ofrecer a un alma necesitada, adicta y rota; parecía ser una dosis de adrenalina de fácil asimilación y con fantasía incluida.
Era la suma de los elementos visuales lo que tejió el principio de la simulación y la volvió tan imperceptible y real a la vez, que aún quedan sesgos de confirmación que usan de vehículo a los pensamientos recurrentes. Confirmados de a poco, estos pensamientos recurrentes se convierten en el carril por el cual avanzamos, forjando gradualmente una medida verosímil de la entropía de nuestras experiencias y percepciones interpersonales que con amenidad tejemos.
En innumerables ocasiones me vi a merced de circunstancias debida, eficaz y fortuitamente calculadas con ese instinto condicionado a mi variante de cromosomas impar; parcialmente absorto pero entusiasta y confiado a lo que la mentira mas antigua de la historia me mostraba: El concepto de belleza equivocadamente asociado a la bondad.
Pasados los días, el mensaje se hizo presente con claridad y elocuencia en su dirección, eran sus hormonas llamando a la puerta de mi castillo mental queriendo atención. Con un algoritmo intencionalmente estóico evalué sin éxito pero con repaso las probabilidades de mejora del entorno.
Como un efecto dominó, el caos tomaría el control de todo, ya que múltiples situaciones se presentaban en diversos escenarios, a diferentes niveles y en coincidencias temporales múltiples. Se requería emplear un pensamiento estructurado con programaciones automatizadas para reducir patrones predecibles pero al mismo resolver con una recurrencia cotidiana.
Responder al llamado pudo haber sido el error más valioso de mi vida, aunque también el mas doloroso y peligroso y perjudicial, especialmente en términos de su impacto exponencial. Hacía tiempo que mis algoritmos registraban conflicto en la sección interpersonal del código, pero aún estaba en etapa de validación. Probablemente por eso fue mas sencillo 'parchar' con esa sensación anticipada de funcionalidad y asimilación. No obstante, la invitación de ella a la nueva red parecía llegar en el momento exacto de ruptura del ahora obsoleto código.
Ahora la araña formaba parte de otras marcas ornamentales en una piel blanca, cálida y con un aroma a vainilla que ya no se mostraba sino, que escurría sudor encima mío que al mismo tiempo me envolvía en una sensación de oscuridad y vacío que no esperaba. Quizás el inadvertido espejismo y el hecho tratarse de una serendipica conquista de una tierra de apariencia inexplorada reforzaron el impulso animal.
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