lunes, noviembre 26, 2012

Naturaleza

Tan gastado pero a la vez tan interesante el tema de la complejidad del pensamiento humano, que quizá exista la posibilidad de que al dios de la creación mismo pudo habérsele  salido de control. Si se consideran las veces en que seguimos tomando las mismas acciones de siempre aunque sepamos que estamos faltando a la naturaleza del mismo pensar. Que descrito ya por muchos autores,  considerando su inmensidad y complejidad, ser imposible faltar a la naturaleza del mismo pensamiento.  Pues ahora ya todo está documentado en gran cobertura de variedades de subtemas y temas de la misma cosa.

Según los estudiosos del comportamiento conductual humano todo podría caber dentro del mismo núcleo. Todo es causa y causado por algo y para algo.

Ya no existen la duda y el temor a lo desconocido ahora todo tiene un nombre.

Si el individuo presenta comportamiento insistente y aprehensivo hacia otro individuo,  valiendose   de lo que socialmente llamamos compromiso,  puede justificarse todo acto que pase sobremanera aun sea por encima de los gustos personales del individuo en primera persona. Por temor quizá a la pérdida de todo lo logrado a base de alguna clase de disciplina personal.

Lo que llamamos el castillo del pensamiento propio. Un lugar tan inmenso y complejo como el mundo mismo. Donde el individuo designa fortuitamente áreas recurrentes y especificas donde  este pueda pasear y reconocer a pasos contados sus límites. Y en algunos casos clausurar y abandonar las mismas áreas que luego vuelve a abrir a veces sin querer.

El ofrecer una parte de nuestro "castillo" al ser amado no significa precisamente regalar la misma, a veces es solo una invitación a que construya su propio puente para pasar a lo que llamaríamos el patio principal. Sin aun llegar al área del recibidor. Que quizás solo sea un área temporalmente modificada depende la persona invitada.

En conclusión, creo que deberíamos interesarnos mas en conceptualizar nuestra propia versión del pensamiento propio. Pues vivimos solo con nosotros mismos y esa podría ser la clave para superar el desamor y la costumbre de presenciar la demolición de nuestros castillos mentales.